Calvario: tener fe en la gente, un verdadero sacrificio

Hay películas que empiezan con una amenaza de muerte y después intentan explicar por qué alguien quiere matar al protagonista. Calvario directamente empieza con un tipo confesándose y avisándole a un cura que lo va a matar el domingo siguiente. Tiene una semana para prepararse. Qué manera de arrancar un lunes. Y vos te quejas cuando vas a trabajar y hay olor a pis de muerto en el subte.

El padre James es un sacerdote de un pequeño pueblo de Irlanda. Pero no es el típico cura de película que aparece para decir tres frases sobre Dios y después desaparece. James escucha a la gente, intenta ayudarlos y, sobre todo, intenta seguir creyendo en algo en una comunidad que parece haber perdido completamente la fe.

El hombre que amenaza con matarlo no quiere matar a un sacerdote abusador. Quiere matar a un buen sacerdote. Porque fue abusado de chico por otro cura y siente que la Iglesia nunca pagó realmente por lo que hizo. Entonces decide que matar a un hombre bueno puede generar más impacto que matar a uno malo.

Hermosa manera de plantear una película.

James sabe que probablemente lo van a matar. Y durante esa semana sigue haciendo su trabajo. Visita enfermos, escucha problemas, habla con personas que lo detestan y trata de ayudar a gente que, en algunos casos, parece estar haciendo un esfuerzo enorme por ser insoportable.

Porque en este pueblo hay de todo. Hay violencia, infidelidad, alcoholismo, racismo, cinismo, soledad y gente que ya no espera absolutamente nada de la vida. (Es en Irlanda repito, no Buenos Aires). Y todos tienen algún motivo para estar enojados con alguien.

Incluso con James.

La película podría haber sido un thriller sobre descubrir quién es el asesino. Pero no le interesa demasiado jugar a eso. El misterio está ahí, sí, pero funciona como una excusa para recorrer el pueblo y conocer a sus habitantes.

Y ahí aparece el humor negro. Porque Calvario habla de abuso sexual, culpa, muerte, suicidio y pérdida de fe. Material bastante alegre para una tarde de domingo. Pero McDonagh mete diálogos tan absurdos y personajes tan extraños que por momentos te reís de cosas de las que probablemente no deberías reírte.

Y eso es parte del mérito.

No se burla del dolor. Se burla de lo absurdo que puede ser el comportamiento humano cuando estamos frente a problemas enormes que no sabemos resolver. Esa seria una buena definición del humor negro.

Brendan Gleeson está perfecto como el padre James. Es un tipo enorme, de pocas palabras, con una cara que parece decir “otra vez tengo que arreglar los problemas de simios irrecuperables”. Y tiene algo importante: no es un santo.

Tiene un pasado complicado, fue alcohólico y también carga con problemas familiares. Porque aparentemente ser sacerdote no te da inmunidad para ser un padre medio desastre.

La película también habla de la Iglesia, pero no de una manera demasiado sencilla. No dice simplemente “la Iglesia es mala”. Tampoco intenta defenderla. Muestra una institución marcada por abusos reales y por personas que hicieron muchísimo daño, pero también muestra a un hombre que intenta hacer el bien desde adentro.

La película también tiene algo muy interesante: casi todos los personajes están esperando que alguien los salve. El médico quiere escapar de su propia visión del mundo. El millonario está completamente vacío. La hija de James está rota. Otros personajes están llenos de odio. Y todos, de una manera u otra, necesitan algo.

Por eso me gusta que la película no presente la fe como una solución mágica. James tiene dudas. Se enoja. Toma. Se equivoca. Se cansa. Pero sigue adelante.

Eso es mucho más interesante que un personaje perfecto.

Porque tener fe cuando todo está bien es bastante fácil. El verdadero problema aparece cuando mirás alrededor y no encontrás ninguna razón para tenerla.

Calvario es una película oscura, pero no es una película sin esperanza. Y esa diferencia es importante.

Porque después de hablar durante casi dos horas de muerte, abuso, culpa, violencia y personas que perdieron el rumbo, la película todavía se anima a preguntarse si vale la pena seguir creyendo en la bondad.

Y quizás esa sea la verdadera amenaza que recibe el padre James.

No que lo maten.

Que deje de creer que ser bueno sirve para algo.

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