El sentido de la fiesta: comedia francesa que supera la mueca

Hay dos tipos de personas en una fiesta: los que están invitados y los que están trabajando. Los primeros comen, toman, bailan y se quejan de que el champagne está caliente. Los segundos saben que detrás de esa fiesta hay un ejército de personas corriendo como si estuvieran desactivando una bomba. Este film se ocupa de estos últimos.

Max organiza eventos y tiene un trabajo bastante sencillo: conseguir que todo salga perfecto mientras absolutamente todo intenta salir mal. En este caso tiene una boda en un castillo del siglo XVII, un novio insoportable, un cantante que se cree una estrella internacional, camareros que hacen lo que pueden y una serie de problemas que aparecen uno atrás de otro. Como si también fueran invitados.

El invitado ve una fiesta elegante. Nosotros vemos el desastre que hay detrás. Vemos cómo se arma todo, cómo se improvisa y cómo un pequeño problema puede convertirse en una catástrofe. Como un grano antes de una cita.

Max tiene una regla: hay que adaptarse. Y esa frase termina siendo mucho más que una herramienta de trabajo. Porque mientras intenta solucionar los problemas de todos, su propia vida también está bastante rota.

La película habla de los que trabajan mientras otros festejan. De esa gente que hace que todo parezca fácil justamente porque se pasa la noche evitando que el resto vea el desastre.

Y eso me gusta. Porque la fiesta perfecta no existe. Existe gente corriendo detrás de ella para que vos puedas creer que sí. Mientras vos estas bailando el carnaval carioca, hay decenas de personas que están trabajando para vos. Ubicase.

Esta es una comedia sobre el caos, pero también sobre el trabajo en equipo. Nadie consigue que esa boda funcione solo. Cada uno aporta algo, incluso los que parecen estar ahí únicamente para complicar las cosas.

Además, tiene algo muy francés: personajes bastante imperfectos, situaciones absurdas y una mirada bastante humana sobre todos ellos. Nadie es completamente bueno ni completamente idiota. Bueno, el novio se esfuerza bastante por conseguirlo. El mejor personaje junto a Max.

La película entiende que una fiesta no se trata solamente de lo que ocurre frente a los invitados. También está todo lo que pasa detrás. Los gritos, los errores, los romances, las discusiones y esa frase que probablemente se dice en cualquier evento del mundo: “Tranquilos, lo tenemos controlado”.

Mentira.

Nunca está controlado.

Y quizás por eso funciona tan bien. Porque mientras todos intentan que la noche sea perfecta, la película nos muestra que lo verdaderamente divertido está justamente en todo lo que sale mal. Sino seria un drama.

Al final, Max tiene que aprender lo mismo que intenta enseñarles a todos durante la noche: hay cosas que no podés controlar. Tenés que adaptarte.

Ese es el sentido de la fiesta. Faaaa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *